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Somos Bosque Azul

Centro de Desarrollo Infantil y Familiar

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Qué nos dice la evidencia sobre la inclusión en loscolegios

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Cuando pensamos en la inclusión de estudiantes autistas en el contexto escolar, muchas veces la primera pregunta es:

¿Qué estrategias podemos enseñarles a los profesores?

Cómo anticipar.
Cómo entregar una instrucción.
Cómo adaptar una actividad.
Qué hacer frente a una desregulación.
Cómo disminuir los estímulos sensoriales.

Todas estas herramientas son importantes. Sin embargo, una investigación reciente publicada en la revista científica Autism nos invita a mirar un poco más profundo:

para construir una escuela verdaderamente inclusiva, conocer estrategias no es suficiente.

¿Qué investigaron?

El estudio Building Teacher Capacity for Inclusive Practice With Autistic Pupils, de Anna Cook y Alice Boddy, estudió a 126 profesionales pertenecientes a seis establecimientos de educación secundaria.

Las investigadoras quisieron comprender qué factores se relacionaban con la confianza de los profesores para apoyar a estudiantes autistas y con su intención de implementar prácticas inclusivas.

Para ello, analizaron aspectos como:

  • formación específica en autismo;
  • experiencia trabajando con estudiantes autistas;
  • cultura inclusiva dentro del establecimiento;
  • actitudes hacia la neurodiversidad;
  • y confianza de los profesionales en sus propias capacidades para apoyar a estos estudiantes.

Los resultados son muy interesantes.

La formación específica importa, pero también importa cómo entendemos el autismo y la neurodiversidad.

Los profesionales que contaban con formación específica, experiencia directa, trabajaban en culturas escolares más inclusivas y presentaban actitudes más afirmativas hacia la neurodiversidad mostraban mayor confianza para apoyar a estudiantes autistas.

Al analizar específicamente la intención de implementar prácticas inclusivas, destacaron especialmente dos elementos: la formación específica y una actitud afirmativa hacia la neurodiversidad.

Entonces, ¿qué significa realmente capacitar a un colegio?

Esta pregunta nos importa mucho en Bosque Azul.

Cuando realizamos una capacitación, nuestro objetivo no es entregar una lista de recetas para que los profesores sepan “qué hacer con un niño autista”.

Queremos que puedan comprender por qué ese estudiante está respondiendo de determinada manera.

Porque cuando cambia esa comprensión, también cambia la intervención.

Un estudiante que se tapa los oídos frente al ruido no necesariamente está siendo poco tolerante.

Un niño que necesita levantarse constantemente de su asiento no necesariamente está desinteresado en aprender.

Un estudiante que se desregula frente a un cambio inesperado no necesariamente está intentando controlar al adulto.

Un niño que, después de muchas horas de exigencia, deja de responder, se irrita o necesita aislarse no necesariamente está teniendo una “mala conducta”.

Detrás de una conducta puede haber sobrecarga sensorial, dificultades de regulación, demandas ejecutivas demasiado altas, incertidumbre, dificultades comunicativas, agotamiento o un ambiente que todavía no está respondiendo adecuadamente a sus necesidades.

Comprender esto cambia completamente la pregunta.

Dejamos de preguntarnos:

“¿Cómo hacemos para que este estudiante se adapte?”

Y comenzamos a preguntarnos:

“¿Qué podemos modificar nosotros para que este estudiante pueda participar, aprender y sentirse seguro?”

La inclusión también ocurre en el ambiente

Desde Terapia Ocupacional, esto tiene mucho sentido.

El desempeño de una persona no depende únicamente de sus capacidades individuales. Surge de la interacción entre la persona, las actividades que necesita realizar y el ambiente donde esas actividades ocurren.

Por eso, frente a una dificultad escolar, mirar solamente al estudiante deja fuera una parte importante de la información.

A veces necesitamos intervenir en sus habilidades.

Pero otras veces necesitamos modificar el ruido de la sala, entregar mayor predictibilidad, cambiar la forma de presentar una instrucción, incorporar pausas de regulación, ajustar una demanda, anticipar una transición o comprender que existen diferentes maneras válidas de participar.

Muchas veces, son pequeños cambios ambientales los que permiten grandes cambios en la participación.

Por eso nuestras capacitaciones no buscan entregar recetas

En Bosque Azul creemos que una buena capacitación debería permitir que los equipos educativos desarrollen una mirada que puedan aplicar incluso frente a situaciones que nunca revisamos durante la capacitación.

Por eso trabajamos en la comprensión de:

  • neurodiversidad y autismo desde una perspectiva respetuosa y actualizada;
  • procesamiento e integración sensorial;
  • regulación emocional;
  • funciones ejecutivas;
  • comunicación y participación;
  • análisis del ambiente escolar;
  • prevención de la sobrecarga;
  • y estrategias concretas que puedan incorporarse dentro de la realidad cotidiana del colegio.

Porque si solamente entregamos una lista de estrategias, esa lista eventualmente se termina.

Pero cuando entregamos comprensión, el equipo puede comenzar a construir sus propias respuestas.

No queremos que un niño aprenda a parecer menos neurodivergente

Este punto es especialmente importante.

El objetivo de la inclusión no debería ser conseguir que un estudiante autista permanezca sentado, tolere silenciosamente ambientes que lo sobrecargan, suprima movimientos que utiliza para regularse o aprenda a esconder características propias para parecerse más a sus compañeros.

Queremos estudiantes que puedan participar sin tener que dejar de ser quienes son.

Eso significa acompañar los desafíos reales, desarrollar habilidades cuando sea necesario y, al mismo tiempo, reconocer fortalezas, respetar necesidades sensoriales, realizar ajustes y construir ambientes donde diferentes formas de aprender, comunicarse y relacionarse tengan espacio.

Capacitar también es transformar la cultura

Quizás uno de los mensajes más importantes de esta investigación es que la inclusión no depende exclusivamente de un profesor motivado.

También necesita una cultura escolar que la sostenga.

Un profesor puede conocer muchas estrategias, pero si no dispone de tiempo, recursos, apoyo del equipo o flexibilidad institucional para implementarlas, la inclusión se vuelve mucho más difícil.

Por eso creemos que las capacitaciones tienen mayor impacto cuando participan equipos completos y cuando existe disposición institucional para revisar prácticas, ambientes y expectativas.

La inclusión no debería depender de que un niño tenga la suerte de encontrarse con “el profesor que entiende”.

Debería formar parte de la cultura del establecimiento.

Una idea para quedarnos

La evidencia reciente nos recuerda algo que vemos constantemente en nuestro trabajo:

incluir no es solamente saber qué hacer frente a una conducta. Es aprender a comprender qué nos está comunicando esa conducta y qué responsabilidad tiene también el ambiente en lo que está ocurriendo.

Capacitar a una comunidad educativa significa entregar herramientas.

Pero también significa entregar una nueva forma de mirar.

Y cuando cambia la mirada del adulto, muchas veces comienza a cambiar también la experiencia del niño dentro del colegio.

Referencia: Cook, A. & Boddy, A. (2026). Building Teacher Capacity for Inclusive Practice With Autistic Pupils. Autism.

Soledad Silva

Terapeuta Ocupacional

Directora Centro Bosque Azul

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