En diversas situaciones y casos familiares, hemos escuchado ¡Mi niño/a come muy poco!,
¡Mi niño/a come muy pocas cosas!, ¡Las horas de comer son un caos!, ¡Ya no sabemos qué hacer!.
También hemos escuchado y establecido a lo largo del tiempo diversas etiquetas a nuestros niños como: “mañosos”, “selectivos”, “caprichosos”, entre otros. Clínicamente, se han utilizado diversos diagnósticos como: comedores selectivos, aversión sensorial alimentaria, comedores conductuales, neofobia alimentaria, y un sin fin de nombres, sin embargo, todos estos en su mayoría apuntan a un mismo perfil de niños y niñas, “comedores ansiosos” como lo describe la terapeuta ocupacional Marsha Dunn Klein, especialista en el tema.
“La gran mayoría de niños con selectividad alimentaria en un nivel moderado o severo tienen mayores probabilidades de tener síntomas elevados de ansiedad o depresión, de experimentar hipersensibilidad al gusto y texturas”. (Zucker, 2015).
Considerando esto, es fundamental comprender e introducirnos en el trastorno del procesamiento sensorial, originalmente llamado disfunción de la integración sensorial. Esta es una condición neurofisiológica, en donde el estímulo sensorial proveniente del entorno o del propio cuerpo, no se detecta, modula o interpreta adecuadamente, entregando respuestas atípicas. Cabe destacar, que la mayoría de niños que se encuentran dentro de los trastornos del neurodesarrollo, como el trastorno del espectro autista, presentan una sensibilidad sensorial aumentada. Según estudios, hay un 70% de niños con TEA que presentan dificultades a la hora de comer.
Los alimentos tienen demasiada diversidad en el sabor y textura, por ende, cada instancia de alimentación o exposición a alimentos nuevos puede ser realmente abrumadora y un completo desafío, que la mayoría de los niños no está dispuesto a asumir. Muchas situaciones de este tipo se repiten constantemente, durante el día, en el hogar, escuela, instancias de participación, fiestas familiares, entre otros, generando miedo a los alimentos, principalmente, por el temor a procesar cada alimento y su textura en la boca, “una de las partes más sensibles de nuestro cuerpo, junto con las manos”.
Un ejemplo de esto es “una fruta”, la manzana debería ser siempre roja, dulce, redonda, como lo vemos en las fotos, sin embargo, en la realidad esta puede presentar diversas tonalidades, manchas, puede ser ácida, amarga, harinosa, blanda o dura, dependiendo de su madurez, por ende, no se tiene una certeza completa de que todos los alimentos vayan a ser siempre iguales, esto puede generar, ansiedad, miedo y más rechazo a probar alimentos. Por esta razón, la mayor cantidad de niños, prefiere alimentos envasados, donde siempre tendrán el mismo color, forma, textura, tamaño y empaque. Si algo de esto cambia, existe la posibilidad de que también lo dejen de comer.
Respecto a las texturas, por lo general, los alimentos blandos son muy difíciles de sentir en la boca, no existen bordes ni límites que nos indiquen qué hacer con estos en la boca, volviéndose una tarea muy difícil. A su vez, también hay alimentos que tienen muchas características en sus consistencias y texturas, colores muy fuertes que son difíciles de
procesar a nivel visual, o generan muchos sonidos al tocarlos o ponerlos dentro de la boca. Todo esto podría ser muy desgastador para algunos niños.
Muchas veces hay alimentos que requieren de una gran coordinación a nivel oral, considerando que el comer es una de las tareas más complejas, donde debemos coordinar todo dentro de la boca y fuera de este para morder, mover el bolo, coordinar la lengua, dientes y un sin fin de habilidades oromotoras que muchos niños no tienen, siendo esta una de las razones por las que muchos niños también se vuelven selectivos.
Según algunos compilados de investigaciones en el año 2020, encontramos diversos patrones que definen una alimentación selectiva.
- Niños que demuestran desafíos, ya fuesen transitorios o más extendidos, con patrones de alimentación/comida, se caracterizaban por:
- Fuertes preferencias por alimentos que les gustaban y los que no, incluyendo sabor, textura y como se prepara el alimento.
- Variedad limitada de alimentos (excluyendo una categoría de nutrición y/o textura).
- Cantidad restringida de alimentos dispuestos a comer (20-30 alimentos).
- Evitación de alimentos
- Se alteran más que sus pares al verse presionados por los padres para comer lo “correcto”.
- Batallan más con sus padres sobre la alimentación en comparación con sus
- Más propensos a que los padres preparen un menú
- Problemas de crecimiento y/o nutrición.
- Algún déficit de habilidad motora y/o
- Aprender de las conductas evitativas, como respuestas significativas a la hora de
A la hora de comenzar a intervenir y trabajar con estos casos, es necesario entender que en la punta del Iceberg sólo vemos dificultades en la alimentación, sin embargo, es fundamental ahondar mucho más profundo y considerar el funcionamiento de los órganos y sistemas, musculatura a nivel general, ya que esta es necesaria para mantener un control postural adecuado, tomar cuchara o tenedor, coordinar utensilios, masticar, tragar, entre otros. Sistemas sensoriales (visual, gusto, tacto, olfato, audición, propiocepción, interocepción, vestibular). Aspectos relacionados con el aprendizaje y las oportunidades que cada niño ha tenido en relación a los alimentos. Los estados nutricionales, en lo posible, deben ser siempre evaluados por profesionales preparados con las herramientas necesarias, por último, y no menos importante, el ambiente en el que cada niño se desenvuelve y se le presentan los alimentos.
Los profesionales encargados de abordar estas necesidades deben trabajar de manera multidisciplinaria: pediatría, nutrición, terapia ocupacional especializada en alimentación e integración sensorial, fonoaudiología y psicología en caso de ser necesario, a fin de dar el apoyo a los padres si el caso lo requiere.
El punto de partida para comenzar a trabajar es: Paz a la hora de comer. Es en ese lugar donde ocurren los cambios, y la hora de comer deja de ser un campo de batalla.
Maricarmen Espinoza Pinto Terapeuta Ocupacional
Formación en Integración Sensorial Ayres® CLASI. Modulo I,II,III.
Formación en Alimentación, Enfoque Get Permission, para comedores ansiosos y horas de comidas ansiosas”. SOS Approach to Feeding inicial y avanzado, Alimentación en el niño con Trastorno del espectro autismo.





