Ser madre o padre de una persona neurodivergente —sea un niño, adolescente o joven adulto— es una experiencia que transforma. No solo por lo que aprendemos sobre diagnósticos, apoyos y adaptaciones, sino porque muchas veces abre una puerta inesperada: la que nos conecta directamente con nuestra propia historia.
Acompañar a nuestros hijos nos enfrenta a un espejo. En sus luchas y en sus victorias vemos reflejos de nuestra infancia, adolescencia o juventud. Recordamos cómo era sentir que algo en nosotros era “demasiado” o “insuficiente”, las veces que escuchamos “tienes que poner más de tu parte” o “no seas tan sensible”, y la soledad de no encontrar un lugar donde encajar sin dejar de ser nosotros mismos.
A veces, también nos damos cuenta de que esos adultos que nos criaron —y que nos amaban— estaban ellos mismos heridos. Padres y madres que habían aprendido a sobrevivir en entornos duros, sin apoyo, sin herramientas para reconocer y acompañar las diferencias. Personas que hicieron lo que pudieron, pero que no podían dar algo que nunca recibieron.
🙁 Las heridas que vuelven a abrirse
Cuando vemos a nuestros hijos agobiarse por un ruido, preferir quedarse en casa que ir a una fiesta, o sentirse incomprendidos en un grupo, no solo estamos frente a sus desafíos: volvemos a sentir los nuestros.
Las etiquetas vuelven a sonar:
- “Eres flojo”.
- “No te esfuerzas lo suficiente”.
- “Tienes que socializar más”.
- “Estás en tu mundo”.
Pero ahora tenemos algo que entonces no existía: más información, más comprensión sobre lo que significa ser autista, tener TDAH u otra condición. Sabemos que no es falta de carácter ni de voluntad. Y en esa conciencia, también aparece el dolor de pensar:
“¿Y si todo esto yo también lo viví? ¿Y si también era yo?”
📲 El presente: más exposición, más información… y más sobrecarga
Hoy el escenario es diferente. Nuestros hijos crecen en un mundo hiperconectado, donde todo se ve, se comenta y se comparte. Sus particularidades están más expuestas que nunca, y eso puede traer tanto oportunidades como riesgos.
Al mismo tiempo, nosotros tenemos acceso a un mar infinito de información: artículos, redes sociales, estudios, consejos, talleres… Un clic y aparecen mil ideas, pero también mil exigencias. El diagnóstico llega y, de pronto, todo cae de golpe:
- “Deberías haberlo detectado antes”.
- “Hay que actuar rápido o perderás el tiempo crítico”.
- “Tienes que hacer esto, esto y esto otro”.
Y la pregunta que atraviesa el pecho: “Lo hice mal… ¿y ahora qué hago?”
💖 Sanar mientras acompañamos: cómo se ve en lo cotidiano
La reparación familiar no es un concepto abstracto, se construye en pequeños gestos que repetimos día a día. Puede significar:
- ✨ Conectar antes que corregir: priorizar el vínculo sobre la conducta.
- ✨ Decir “yo también me siento así” cuando algo nos duele o frustra, mostrando que sus emociones son humanas y válidas.
- ✨ Mostrar disponibilidad incluso cuando no estamos del todo bien: dejarles saber que, aunque nuestra energía cambie, seguimos presentes.
- ✨ Hablar de cómo nos sentimos sin hacerles responsables: “Hoy estoy más cansado/a, no por ti, sino porque tuve un día difícil”.
- ✨ Reparar después de equivocarnos: aceptar que fallaremos muchas veces, mirar lo que provocamos en el otro, validarlo y abrazar lo que se generó.
En ese proceso, no solo favorecemos su bienestar, sino que también nos damos a nosotros mismos algo que nunca tuvimos: un acompañamiento que valida y respeta quiénes somos.
🧑🧑🧒 Acompañar es también mirarse
Este viaje no es lineal. Hay días en que sentimos que avanzamos, y otros en los que la culpa o el cansancio nos dejan sin aire. Pero cada vez que elegimos escuchar antes que imponer, aceptar antes que exigir, y validar antes que juzgar, no solo ayudamos a la persona que tenemos delante: también cuidamos a la persona que fuimos y seguimos siendo.
Porque, al final, acompañar a un hijo, hija o hije neurodivergente no es solo un acto de amor hacia ellos. Es, muchas veces, un acto de reparación hacia nosotros mismos.
Escrito por Soledad Silva. Terapeuta Ocupacional y Directora de Centro Bosque Azul





