Ser terapeuta ocupacional lleva consigo el objetivo transversal de lograr que cada uno de nuestros niños y niñas logre el nivel más alto de independencia en las áreas de desempeño acordes al ciclo vital que esté cursando. Pero ¿qué pasa cuando vemos que nuestros niños o niñas pareciera que les costara un poco más desenvolverse en el espacio? A veces son descritos como torpes, descoordinados, lentos, flojos, etc., un sinfín de descriptores que muchas veces se atribuyen a manifestaciones observables en la somatodispraxia.
Ahora bien, ¿qué es la somatodispraxia? Descrita por Jean Ayres, es un tipo de dispraxia. ¿De dónde emergen todos estos conceptos?, pues la base, es comprender el significado de praxia. Esta la entenderemos como la habilidad que tiene nuestro cerebro para organizar y ejecutar acciones, que si bien para nosotros pareciera ser una capacidad innata, la verdad es que es un cuadro interno bastante complejo, que nos permite desenvolvernos a diario. Para esto, se deben cumplir de forma eficaz tres pasos secuenciales: la idea (ideación), el plan (planificación) y la acción (ejecución motora). En efecto, la dispraxia es la dificultad que tienen nuestros niños y niñas para la coordinación y ejecución de los movimientos.
Por ejemplo, vamos a imaginar una actividad muy sencilla para observar cómo estos procesos cognitivos necesitamos que funcionen adecuadamente para acciones exitosas. Para llevar a cabo la acción tan simple de tomar un vaso con agua, nuestro cerebro de forma muy rápida debe identificar el objeto que vamos a manipular, en este caso el vaso con agua. Se debe responder a sí mismo ¿cómo tomo este vaso? ¿con cuál mano? ¿cómo debe estar la posición de mi mano? ¿cuánta fuerza debo ejercer para este vaso? ¿pesará la mismo que la bolsa del supermercado? ¿más? ¿menos?, ¿A dónde debo dirigir este vaso? ¿en qué dirección está mi boca? ¿Cuánto abro la boca para ingerir el agua?
¿Vieron? En solo una acción podemos descifrar alrededor de 10 preguntas que deben ser contestadas a partir de la planificación motora. Finalmente, aquellos que presentan una alteración de las praxias (dispraxia) es probable que tome tiempo llevar a cabo la acción, derrame mucha agua o meramente termine por botar accidentalmente el vaso.
Entonces, armando el rompecabezas de esta palabra compleja, ya sabemos lo que es la praxia. En efecto, el resto de sus componentes refieren finalmente que la somatodispraxia es la dificultad en el planeamiento motor de base sensorial, debido a una baja discriminación de los sistemas táctil, propioceptivo y vestibular. O sea, lo que percibe mi cuerpo y sus receptores a partir de la información entregada por el medio externo. Además, al presentar dificultades en esta habilidad lleva consigo la necesidad de estar “más atentos al medio” y pareciera que enfocarse en una actividad interfiere el prestar atención al resto del espacio. ¿Cómo? A modo de ejemplo, un niño o niña con somatodispraxia podemos ver que en su caminar diario choca con los muebles mientras camina dentro de la casa, tropieza el escalón de la entrada al querer ingresar, porque pareciera no haberlo notado. Su cerebro está tan enfocado en integrar los desafíos del medio para una acción particular –como desplazarse- que directamente disminuye la atención en el resto de procesos que ocurren alrededor –como tener que esquivar obstáculos-
¿Por qué es importante intervenir ante estas dificultades? Pues a diario, y en cada momento estamos en un continuo desarrollo de acciones motoras que nos permiten desenvolvernos en nuestros contextos. ¿Se imaginan no poder comer porque al tomar la cuchara botamos todo el arroz? ¿tropezar o caerme constantemente por no dar correctamente los pasos? ¿no poder pintar mis dibujos favoritos porque me es difícil manipular el lápiz?
Para llevar a cabo todos estos ejemplos de una forma eficaz, es que necesitamos brindar experiencias motoras y sensoriales controladas que permitan la integración de los estímulos para la obtención de una respuesta adaptativa, con esto me refiero a la respuesta eficiente acorde a la exigencia que me pide el medio considerando que nuestros niños se desenvuelven en espacios sociales, fiestas familiares, entorno escolar, parques, entre otros. Por lo tanto, es allí donde el rol fundamental recae en el terapeuta ocupacional y su familia y/o cuidadores, ya que cada sesión es planificada para proveer de forma controlada y organizada lo necesario al niño o niña que presente dificultades y la familia o su entorno debe ser un ente activo en replicar las estrategias o sugerencias entregadas durante el tiempo de latencia que conlleve hasta la próxima sesión.
Karen Silva Quintanilla.





